Lo que el huerto me enseñó sobre la prisa

Manos recogiendo flores en el huerto de Guguiarte

Nada florece porque le grites.

Cuando planté las primeras dalias, iba cada mañana a mirar si habían salido. Las regaba de más, movía la tierra, les hablaba con impaciencia. Y no pasaba nada. La tierra tiene su propio calendario, y no atiende a razones.

En resumen

  • El huerto enseña que crear, como cultivar, tiene su propio ritmo: no se puede acelerar.
  • Esperar mejor rinde más que hacer más; la impaciencia no adelanta ninguna floración.
  • Aceptar lo imperfecto (wabi-sabi) libera el proceso creativo del juicio y la prisa.

Tardé una temporada entera en entenderlo: nada florece porque le grites. Ni las flores, ni las ideas, ni una misma. El huerto me lo repitió hasta que lo aprendí con el cuerpo.

Dalias en flor en los bancales del huerto de Guguiarte, en Majadahonda
Las dalias de aquella primera temporada. Salieron cuando les tocó, no cuando yo quise.

La espera como parte del trabajo

En el arte floral para eventos todo iba deprisa. Había una fecha, un encargo, una entrega. Cuando abrí este espacio para crear sin presión, lo primero que tuve que desaprender fue precisamente eso: la urgencia. El huerto no se puede acelerar, y ese fue el mejor maestro que he tenido.

Aprendí a esperar mirando las dalias, y esa espera cambió mi manera de crear y de vivir.

Ahora, cuando alguien llega al taller de flor prensada con prisa por que le salga «bien», le enseño una flor imperfecta. Un pétalo torcido, una hoja comida. Y le digo lo mismo que me dijo el huerto a mí.

Tres cosas que hago distinto desde entonces

  • Empiezo el día en el huerto, sin móvil, aunque sean diez minutos.
  • Dejo que las cosas tarden lo que tienen que tardar, también los proyectos.
  • Guardo lo imperfecto en lugar de descartarlo: casi siempre es lo más bonito.
Camino entre los bancales del huerto a primera hora de la mañana
El camino de los diez minutos de la mañana, antes de coger el móvil.

Si tú también sientes que vas siempre con prisa, quizá no necesites hacer más, sino esperar mejor. El huerto está aquí para recordárnoslo, temporada tras temporada. Si quieres comprobarlo con las manos, los talleres son en Majadahonda y en grupos pequeños.

Preguntas frecuentes

¿Se puede acelerar el crecimiento de una flor?

No. Se puede acompañar —riego, luz, un suelo vivo—, pero el calendario lo pone la planta. La reacción impaciente más común es regar de más, y eso ahoga las raíces en lugar de adelantar nada.

¿Qué tiene que ver cultivar con crear?

Que los dos funcionan por temporadas y no por voluntad. Hay meses de sembrar en los que no se ve nada, y esa parte invisible es tan trabajo como la floración.

¿Hace falta tener jardín para empezar?

No. Una terraza, un alféizar o unas macetas grandes bastan para las primeras siembras. Lo que se aprende del ritmo es exactamente igual con tres macetas que con un bancal.

¿Qué es el wabi-sabi aplicado a las flores?

Es la idea japonesa de que lo imperfecto y lo que se marchita también son bellos. En la práctica significa quedarse con el pétalo torcido y la hoja comida en vez de descartarlos.

Quién escribe

Gugui

De niña guardaba pétalos entre las páginas de los libros y nunca dejó de hacerlo: solo aprendió a compartirlo. Cultiva su propio huerto floral en Majadahonda y da talleres de flor prensada, ikebana y escultura botánica. Más sobre Gugui.

Con las manos en la tierra, Gugui