Lo que el huerto me enseñó sobre la prisa

Nada florece porque le grites.

10 min de lectura
Manos recogiendo dalias en el huerto floral de Guguiarte al amanecer
El huerto de Guguiarte al amanecer · Majadahonda

Cuando planté las primeras dalias, iba cada mañana a mirar si habían salido. Las regaba de más, movía la tierra, les hablaba con impaciencia. Y no pasaba nada. La tierra tiene su propio calendario, y no atiende a razones.

Tardé una temporada entera en entenderlo: nada florece porque le grites. Ni las flores, ni las ideas, ni una misma. El huerto me lo repitió hasta que lo aprendí con el cuerpo.

La espera como parte del trabajo

En el arte floral para eventos todo iba deprisa. Había una fecha, un encargo, una entrega. Cuando abrí este espacio para crear sin presión, lo primero que tuve que desaprender fue precisamente eso: la urgencia. El huerto no se puede acelerar, y ese fue el mejor maestro que he tenido.

Aprendí a esperar mirando las dalias, y esa espera cambió mi manera de crear y de vivir.

Ahora, cuando alguien llega al taller con prisa por que le salga «bien», le enseño una flor imperfecta. Un pétalo torcido, una hoja comida. Y le digo lo mismo que me dijo el huerto a mí.

Tres cosas que hago distinto desde entonces

  • Empiezo el día en el huerto, sin móvil, aunque sean diez minutos.
  • Dejo que las cosas tarden lo que tienen que tardar, también los proyectos.
  • Guardo lo imperfecto en lugar de descartarlo: casi siempre es lo más bonito.

Si tú también sientes que vas siempre con prisa, quizá no necesites hacer más, sino esperar mejor. El huerto está aquí para recordárnoslo, temporada tras temporada.

Con las manos en la tierra,

Gugui

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Preguntas frecuentes

¿Cómo se aplica el ritmo del huerto a la creatividad?

El huerto enseña que los procesos tienen su propio tiempo y no se pueden acelerar. Aplicado a crear, significa dejar que las ideas maduren sin forzarlas, empezar el día con calma y aceptar que esperar mejor rinde más que hacer más.

¿Qué es la filosofía wabi-sabi en el arte floral?

El wabi-sabi es una sensibilidad japonesa que encuentra belleza en lo imperfecto, lo efímero y lo natural. En el arte floral consciente se traduce en valorar un pétalo torcido o una flor marchita, en lugar de buscar la perfección.

¿Dónde puedo aprender arte floral consciente en Madrid?

En Universo Guguiarte, en Majadahonda (oeste de Madrid), se imparten talleres presenciales en grupos reducidos: flor prensada, escultura botánica e ikebana, con un huerto floral ecológico propio como origen de los materiales.

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